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Unos días antes, tuve la fortuna de ser invitado al cumpleaños de Mistrees Gótica, siendo junto al Señor Manuel, anfitriones.  Me informaron que habría sesión y que seguramente tendrían algún o algunos invitados, a los que debería atender como siervo y después servirles también en la cena, lo que supuso un exceso de actividad en mi cabeza con respecto a qué opciones pudiera haber. Solo me hicieron una pregunta y fue acerca de mis limitaciones personales para algún tipo de práctica concreta como fobias a insectos, ratones, etc. (dejando muy claro que en absoluto se trataba de maltrato animal). Lo primero fue sentirme genial y agradecer que ante mi ofrecimiento me hicieran esa pregunta por el respeto que supone hacia mi servidumbre, pero más que nada la confianza que me genera sentirme seguro.

Pensé que imaginarían mi respuesta, pero me sentí todavía mejor al ponerla por escrito: solo cabía dejar claro que para semejante día mi ofrecimiento sería cumplir cualquier voluntad de Mistress Gótica y del Señor Manuel, pero también como un regalo de cumpleaños para Mistress, por lo que dejaba en sus manos cualquier tipo de decisión y siempre respetando de mínimos límites pactados.  Aproveché para exponer la dificultad de coincidir con ambos DOMs en gustos y preferencias de técnicas y prácticas en este tipo de encuentros, pero sabiendo que justo todos esos matices daban mayor riqueza a mi cometido.

Posteriormente me entró cierto recelo por mi escrito al extremar mis pensamientos y las consecuencias de mis afirmaciones sobre mi piel, en mi cuerpo, pero también en mi mente y en mi manera de seguir estando a su disposición si todo salía mal. Pero el beneficio de la duda estaba a su favor.  Y asi me presenté ante Ellos, el Señor y la Mistress, con la balanza equilibrada entre el “miedo” y la confianza.

Fue una larga tarde que pasó excesivamente rápida para mí. Por circunstancias muy ajenas al Señor y a la Señora no hubo ningún otro invitado, siendo pues el esclavo para la sesión y servidumbre también para atenderles en todo lo que quisieran, incluida la cena.

La experiencia no pudo ser más grata ni instructiva. Tras estar un tiempo a los pies de ambos DOMs mientras estaban con sus cosas, la Mistress me ordenó que diera un masaje a sus pies. Me puse a ello pidiendo permiso para previamente besarles, a lo que me dispuse tras su concesión. Dedique mucho tiempo a cada pie, más del que hubiera podido pensar antes de empezar pero bastante menos del podría haber estado. Fueron besos en cada uno de los dedos, lametones y jugar con la lengua por entre los espacios interdigitales, fue lamer cada centímetro sin dejar ningún espacio libre, fue chupar, saborear, mojar, humedecer, limpiar y masajear también con la lengua sus dedos, la planta del pie, los talones y tobillos, una y otra vez, generando bastante saliva en semejante tarea.

Mi cabeza sentía de forma independiente a mi razón, pero ambas confluían en la tarea encomendada. Así fui haciendo nuevamente mía esa misma saliva cuando rebosaba ya de mi boca, tragándola en un puro acto de deseo de incorporación a la Mistress, como si pudiera incorporándola a mi ser de esclavo, como beber algo de su  esencia, como si quisiera estar invadido también desde dentro.

Fue algo muy especial, intenso y que atravesaba lo puramente físico, inmaterial, sí, muy especial. Esa lectura y sensación recorría mi mente mientras adoraba los pies de Mistress Gótica, que con su magnanimidad dejaba ver su estar bien.

Llegado un momento en que le pudo parecer excesivo mi dedicación, Mistress me recordó que me había ordenado un masaje, por lo que procedí a intentar dar un masaje, algo para lo que no tengo la habilidad suficiente pero que tiendo a compensar con mi esfuerzo y empeño en hacerlo lo mejor posible.

Cuando la Mistress dio por finalizado el masaje, me apartó y continué a sus pies. En ese momento cogió mi mano con la suya, tomó uno de mis dedos que llevó a su sexo y tras empaparles bien de su flujo, los acercó a mi boca, a mis labios, a mi lengua, a mi nariz… haciendo que les oliera, lamiera, chupara y saboreara…. Y así lo hice hasta que opté por la mejor idea posible: incorporar también todo lo que tenía en mi boca a mi cuerpo, tragándomelo con el criterio de un razonamiento impulsivo y también en un nuevo intento de incorporación de algo de la Mistress a mi cuerpo, que tanto agradecí en silencio.  Me sentí bien, más unido a su Poder y más bajo su autoridad.

Al finalizar ordenó que me tocase el pene y que lo pusiera erecto, lo que hice con gran incomodidad por ser la primera vez que me lo ordenaba y que me animaba con voz presta a que me masturbase mientras tanto ella como el Señor seguían hablando de sus cosas… el tiempo pasó y pareció dejar a un lado del todo la orden de que me masturbase.

Al tiempo comenzaron el tiempo de sesión propiamente dicha usando la técnica de la cera. Me pusieron de rodillas, echado hacia adelante, con los brazos estirados y las manos apoyadas en el suelo.  En ese suelo entre mis brazos y bajo mi pecho pusieron un cirio grueso y grande (unos 20 cm) mientras del techo ponían un aro metálico donde dentro dispusieron otra vela que en vertical quedaba en la mitad de mi espalda.

Procedieron a encender la vela del suelo y esperar a que la llama fuera creciendo mientras yo me iba alejando poco a poco a medida la llama aumentaba de tamaño. A continuación empezaron a dejar caer gotas de la vela que pendía por arriba y cada vez con mayor frecuencia y que Mistress manejaba también con sus manos para jugar más a su favor con las distancias.

Fueron realmente momentos complicados para mí, en los que alejarme para no quemarme el vello del pecho entraba en conflicto con la proximidad que iban teniendo las gotas que caían por la espalda, cada vez más rápido y cada vez más calientes. Sé que hacía movimientos continuos hacia arriba y hacia abajo a la vez que me movía hacia los lados, asi como emitía sonidos de queja cada vez  de mayor intensidad… No puedo afirmar que yo aguantase todo lo que Mistress y el Señor hubieran querido, pero me sentí muy bien viendo que ambos DOMs se encontraban bien, que disfrutaban y que reían y sonreían entre ellos con gusto.

Por falta de pericia por mi parte esa escena se terminó, lamentando este siervo mis quejas y agitaciones, lamentando mi falta de aguante y mi hasta tener voz, lamentando no poder hacer disfrutar mucho más al Señor Manuel y a la homenajeada esa tarde… lamenté hablar y no haber callado antes. Entendía que mi estar bien dependía del suyo y que solo así me sentiría yo mismo, un siervo agradecido.

Tras unos momentos de distensión, todo siguió su camino. Como presente, llevé a Mistress Gótica unas flores, cinco rosas, cada una de un color. Después de agradecérmelo cortésmente,  y ya con otro tono entre displicente y de reproche, se ocupó de hacerme saber que a Ella solo le gustaban las rosas rojas, sin más. Fue ahí cuando me ordenó que me insertará una rosa en el ano, que me apañara como bien pudiera y cerró su frase con un temperamental “¡¡…pero que ya te estoy esperando!!”.

Al cabo de un rato aparecí con la flor insertada en el trasero y que ofrecí a la Mistress para su uso. Al cabo de un rato, apareció Mistress con la rosa roja insertada en el suyo… tan radiante y majestuosa como una Diosa… deliciosamente Divina.

También hubo sesión de castigo de mis nalgas y espalda. Atado a la cruz y con herramientas de trabajo en las manos del Señor y Mistress procedieron a calentarme primero la espalda con floggers más o menos suaves y con aumento de la intensidad. Siguieron usando parte de su arsenal de instrumentos similares, cañas, palas, fustas, látigos cortos, paletas, rebenques y similares. Desde el principio empezaron a alternarse ambos para azotarme, con ritmo y variando la intensidad. Eso fue algo muy especial y diría que emotivo, sentirles cómo se movían a mis espaldas, alternarse entre gestos o cómo yo intentaba esconderme de sus golpes. Entrañable fue escuchar con la mayor atención posible a Mistress decirme una y otra vez “cómo debía posicionarme ante el dolor, como debía hacer para convertir el dolor en placer sin atravesar el sufrimiento” que Ella veía en mí.  Mil gracias, Mistress por su trabajo y paciencia

Después hizo que masajeara al Señor los pies y de cintura para abajo con crema, mientras Mistress estimulaba al Señor de manera muy espacial… esa imagen que sigue en mi retina fue de igual manera tan estimulante para mí que sentía cómo se aceleraba mi pulso a la vez que sus respiraciones se agitaban y sus movimientos eran más rítmicos. Mis manos se movían por las piernas del Señor desde los pies hasta la cadera, pasando las manos por el interior de sus muslos masajeando la zona… mis ojos fuera de las órbitas mirando la escena tan de cerca que tuve que retener mis manos para limitarme al masaje sin más… mi boca no segregaba saliva en ese momento, solo un deseo no permitido que por suerte pude refrenar… escenas superpuestas que se entremezclan en mi recuerdos son sus logros, de ambos.

… después y ante otra escena del Señor y Mistress…. preciosa, impulsiva y controlada…. de ambos DOMs muy juntos… Mistress volvió a ordenarme que me masturbara… como orden imperativa que me obligó a seguir su voluntad a pesar de costarme bastante (no por falta de excitación sino por algo raro que atravesaba mi mente ante esa orden)… hasta que eyaculé sin manchar nada, tal y como me dijo.

Cumplir su voluntad era mi regalo de cumpleaños e intenté llevarla a cabo en todo momento. Me sentí bien y mal a la vez, pero sí que supe cual era mi sitio y para lo que sirvo, sabiendo que ahí es donde quería estar, donde mejor respiro y siento mi condición.

Caminar, avanzar, proseguir, hacer camino sobre camino y saber cuidarse en ese camino. Saber que cada DOM tiene sus deseos y voluntades, que a la vez son la misma… disfrutar lo máximo.

Todo mezclado, sabiendo que todo pasó y lo aprendido. Sé que no llegué al máximo de lo posible y también sé que queda mucho para satisfacer sus deseos, pero mi piel está ahí, dispuesta a sonrojarse en todos los sentidos, para el Señor Manuel a su manera y para Mistress Gótica en otra….. y ambas tienen que cumplirse hasta alcanzar la excelencia. Y ahí sigo.

Agradecimiento, respeto, humildad, entrega y sometimiento a sus voluntades para su plena satisfacción, Mistress Gótica y Señor Manuel.

munio